En el contexto del rescate, las primeras 72 horas es lo que se conoce como "el umbral de oro". Es el tiempo límite crítico durante el cual el cuerpo humano puede soportar condiciones extremas (principalmente sin agua) y es el período en el que los equipos de rescate enfocan sus mayores esfuerzos, dado que es cuando existen las mejores posibilidades de rescatar personas con vida.

Es posible rescatar personas con vida después, incluso varios días después de ese umbral. Es posible, pero no es probable. Tanto la deshidratación como el desgaste físico y psicológico reducen esa probabilidad de una manera drástica. El cuerpo humano, si bien capaz de soportar semanas sin alimento, no suele poder resistir más de tres días sin agua.

Por esta razón, al cumplirse las 72 horas, la operación pasa de la fase de "búsqueda y rescate" a la fase de "recuperación".

Mientras se cumplen las 72 horas desde el terremoto del miércoles 24 de junio, miles de personas siguen desaparecidas. "Miles" se dice fácil, pero diferentes plataformas han documentado desde 1.000 hasta 60.000 personas aún desaparecidas, y a falta de información oficial confiable (o en absoluto) es difícil saber prácticamente nada, incluyendo cómo o dónde pedir ayuda o información.

De momento, los venezolanos nos tenemos los unos a los otros. Las iniciativas ciudadanas para ayudar (a recabar, cruzar y verificar información; a juntar fondos o recursos; a organizarse para apoyar en persona o a distancia) se cuentan por los cientos: personas que están ofreciendo lo que tienen y lo que no tienen para apoyar y proteger a sus conciudadanos en la cara de la que es probablemente la peor tragedia que haya experimentado el país en el último siglo, si no contamos los estragos causados por la dictadura. Y deberíamos contarlos, porque a causa de veintisiete años de corrupción, desfalco y abusos el país se encuentra hoy sin la infraestructura para sostener y enfrentar este desastre natural.

Por la misma razón, cualquier cifra que podamos ofrecer hoy desde cualquiera de las iniciativas de documentación y mapeo no puede contar la historia completa: porque la historia completa fue hecha añicos por el puño de la versión oficial, que nos miente y nos dice que hubo 1.430 fallecidos y 3.238 heridos tras un terremoto que aplanó poblaciones enteras. No nos cuenta el daño causado por las fallas eléctricas, por las caídas de conectividad, por el bloqueo y la censura a los medios de comunicación, por la pobreza. No nos cuenta lo que sigue pasando en los lugares donde los rescatistas y las personas de a pie no tienen insumos, herramientas, o conexión a internet. No nos cuenta lo que pasa en los lugares donde no se les permite el paso porque las autoridades decidieron ejercer el poder de manera cruel y arbitraria.

Ahora es el momento de atender a nuestros heridos, de apoyarnos los unos a los otros, de contener el trauma, de refugiar a quienes perdieron sus hogares. Será luego el momento de reconstruir lo que perdimos. Pero no estamos solos.

Nos tenemos los unos a los otros.